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domingo, 28 de noviembre de 2010

Armistice

Tengo no sé si las ganas o la necesidad de que me digas, nuevamente, cuanto no me quieres. Soñé puras webás terribles; creo que por ahí va la cosa, porque estuve pensando mucho que el día se partiría en un segundo, y de pronto nada sería igual. Constantemente tengo miedo y no hay escape posible cuando el responsable de todo es uno mismo.
No sé como hacer que las cosas mejoren, esa es la verdad. Y siento que, por errores de cálculo, estoy dejando la cagada en cada aspecto del todo. Yo no quiero fallar, pero lo hago, y lo peor es que suelo fallarle a la gente que más quiero.
La ley de atracción funciona perfecto siempre, pero cuando no sabes que quieres, las consecuencias nunca son buenas. La casualidad, a veces, puede matarte hasta de pena.

martes, 9 de noviembre de 2010

Necesidades

Dormir todo un día, que en lo posible debe ser lluvioso. Poner música en el pc, no muy fuerte pero que se escuche. Entreabrir la ventana para sentir el contraste entre la parte de brazo que está destapada y la parte que está bajo el cobertor. Taparme hasta la cabeza, mirar cómo se trasluce la luz en partes. Esperar a que me dé hambre para comer, y tener una caja de leche con chocolate. No deber estudiar, no tener nada en mente. Que de pronto me llegue un mensaje en el celular, que se haya escrito en mayo o junio. Sonreir el resto del día.






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Por qué? Por qué? por qué? por qué?

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ASDFASDASYGDSAYDGASYDIASDUHSANDAS!!!!!!!

lunes, 26 de julio de 2010

Amor propio

Creo que perdí las vacaciones. Y es triste.

No sé en que estaba, pero la verdad de las cosas hoy siento que he perdido mucho tiempo. Por un segundo sentí que he estado construyendo en el aire, que hay cosas que no se valoran tanto como me gustaría (no por maldad, sino porque tal vez no son logros míos; tal vez es el rumbo natural de las cosas, no sé).

Me siento inconexo, mareado, me duele todo constantemente y me siento un poco ciego. Y tengo miedo. Tengo miedo porque me puse a pensar, me puse a recordar, porque me duele constantemente la cabeza y no he hecho nada al respecto, tal como me han dolido otras cosas dentro mientras hago caso omiso. Me puse a pensar, sí. Me puse a pensar en cómo fue que la última vez dejé de querer por los daños; cómo fue que las cosas se decoloraron y perdieron sentido.

Seré sincero como pocas veces, y diré que hasta hace algunos días sentía que no sólo la responsabilidad de todo mal caía en mis hombros, sino que también la de ser y hacer bien. Y en eso me caigo; no soy ni hago; siendo bien hago mal, siendo mal también. Entonces ] void [.  Siempre así; vacío. Pero la verdad de las cosas no va por ese lado; hoy no soy más culpable que tú de lo que nos pasa, no ahora. Y no quiero que sea un problema ni que duela el hacerte saber que me estoy cansando un poco; que me apena no [tener la capacidad de] llorar frente a las cosas que duelen o pesan porque pasan desapercibidas, porque no las verás tú ni nadie. Quiero un rato de calma. De no pensar las cosas que digo al menos 3 veces ni ordenarlas para que caigan livianas. ¡Me gusta tanto sonreír contigo! Me gusta eso; hagámoslo más. Sonriamos más.

No quiero sonar severo, pero hoy algunas razones se me esfumaron; no te quiero menos por eso, pero creo que mi tolerancia se está viendo afectada. Tal vez soy de nuevo un hombre menstrual. No sé, pero ahora pienso que te quiero y que quiero que me quieras mejor (No sé si sea correcto esto).

Por último, sí, no hay peso como el sentir que eres un peligro en potencia para quien más quieres. No quiero eso de nuevo, y no lo deseo a nadie.

domingo, 18 de julio de 2010

El peor.





                Voy a comprar un raspe porque creo que es suficiente de lamentarse; hoy es el día menos pensado,  podría eventualmente cambiar todo en un momento. Por eso voy a comprarlo, y mientras camino voy pensando en que haré con el dinero que ganaré; irme lejos, volar lejos, desaparecer. Partir de cero, dejar de dar señales de vida y ser una sombra. Vivir de paso, respirar más. Es un buen día para ganar algunos millones.

                Cruzaré la calle con cuidado, bajaré las escaleras del metro y en la tabaquería elegiré uno yo y el otro lo dejaré al juicio de la vendedora. Y ganaré, porque estoy dispuesto como nunca a dejar de ser un peso, dejar de hacer mal. Voy a comprar un raspe y voy a cambiar mi vida, o mejor aún, venderla. Y me alcanzará con un raspe porque para desaparecer no necesito tanto dinero; no quiero una casa ni un auto. No necesito un perro ni alguien a quien querer. Necesito una excusa, un impulso inicial. Sólo eso. Por eso ganaré con el raspe; porque independiente de la cantidad del premio, será la excusa perfecta para tranquilizar al mundo que me rodea, para no culpar a mis papás o a quienes quiero. No será culpa de nadie; es la posibilidad en potencia y yo. Nada más.

                Hoy ganaré el raspe, y en un rato voy a desaparecer.