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lunes, 1 de noviembre de 2010

Al final, un corazón así pesa.
No hay que culpar a corazones a media máquina;
al final son ellos quienes no saben lo que un corazón de verdad puede lograr.
Lo siento mucho, de verdad.
Y juro, por tu dios lo juro,
que intenté todo lo que en mis posibilidades estaba.
Ya no me queda nada, y lo que queda tampoco te satisface.
Yo así no puedo; tal vez por lo mismo te entiendo.
Quiero que seas feliz, pero por favor, no me digas nada acerca de ello.
Yo evolucionaré.

No sé que más decir al respecto.

miércoles, 28 de julio de 2010

Las herramientas

No las tengo. No las manejo. No hay nada en mis manos para la ocasión necesaria. Las oportunidades también se fueron. La vida no es linda, es una puta barata. Los caminos marcan. Unen lo que se aleja. No hay vuelta. Hay vacíos. Sí. Muchos vacíos. Un perro corre rápido. Yo debería correr como perro. Debería usar las alas de las que me hablaban. Desaparecer es bueno para su salud. Para la mía también. Las velas se consumen rápido. Los dedos se vuelven torpes en la oscuridad. Los corazones se detienen sin aire. Las palomas se toman la noche en silencio. Y sin luna pierden sentido. Sentir. No sé si sea bueno. Saber es bueno a veces. A veces la ignorancia. Hay que ser feliz. El cómo hacerlo es la tarea. Hay que desaparecer. Partir de cero. Se rompió un audífono. Es una real pena. Todo es así. Odio las fracturas. La vida es una callejuela de tierra cerro abajo. Llueve. La estabilidad se fractura. Se agrieta. Voy a caer en una grieta si bajo corriendo. Debería ser un perro. Voy a vivir en una cueva y no sé si salga. No muy seguido. Tomaré café aunque quiera dormir. Aguante estómago. Aguante pena. No hay mal que por bien no venga. Las cosas de la vida. Me haré aire. Eso. El café no es bueno. Para la salud. Para el alma.

lunes, 26 de julio de 2010

Amor propio

Creo que perdí las vacaciones. Y es triste.

No sé en que estaba, pero la verdad de las cosas hoy siento que he perdido mucho tiempo. Por un segundo sentí que he estado construyendo en el aire, que hay cosas que no se valoran tanto como me gustaría (no por maldad, sino porque tal vez no son logros míos; tal vez es el rumbo natural de las cosas, no sé).

Me siento inconexo, mareado, me duele todo constantemente y me siento un poco ciego. Y tengo miedo. Tengo miedo porque me puse a pensar, me puse a recordar, porque me duele constantemente la cabeza y no he hecho nada al respecto, tal como me han dolido otras cosas dentro mientras hago caso omiso. Me puse a pensar, sí. Me puse a pensar en cómo fue que la última vez dejé de querer por los daños; cómo fue que las cosas se decoloraron y perdieron sentido.

Seré sincero como pocas veces, y diré que hasta hace algunos días sentía que no sólo la responsabilidad de todo mal caía en mis hombros, sino que también la de ser y hacer bien. Y en eso me caigo; no soy ni hago; siendo bien hago mal, siendo mal también. Entonces ] void [.  Siempre así; vacío. Pero la verdad de las cosas no va por ese lado; hoy no soy más culpable que tú de lo que nos pasa, no ahora. Y no quiero que sea un problema ni que duela el hacerte saber que me estoy cansando un poco; que me apena no [tener la capacidad de] llorar frente a las cosas que duelen o pesan porque pasan desapercibidas, porque no las verás tú ni nadie. Quiero un rato de calma. De no pensar las cosas que digo al menos 3 veces ni ordenarlas para que caigan livianas. ¡Me gusta tanto sonreír contigo! Me gusta eso; hagámoslo más. Sonriamos más.

No quiero sonar severo, pero hoy algunas razones se me esfumaron; no te quiero menos por eso, pero creo que mi tolerancia se está viendo afectada. Tal vez soy de nuevo un hombre menstrual. No sé, pero ahora pienso que te quiero y que quiero que me quieras mejor (No sé si sea correcto esto).

Por último, sí, no hay peso como el sentir que eres un peligro en potencia para quien más quieres. No quiero eso de nuevo, y no lo deseo a nadie.

domingo, 18 de julio de 2010

El peor.





                Voy a comprar un raspe porque creo que es suficiente de lamentarse; hoy es el día menos pensado,  podría eventualmente cambiar todo en un momento. Por eso voy a comprarlo, y mientras camino voy pensando en que haré con el dinero que ganaré; irme lejos, volar lejos, desaparecer. Partir de cero, dejar de dar señales de vida y ser una sombra. Vivir de paso, respirar más. Es un buen día para ganar algunos millones.

                Cruzaré la calle con cuidado, bajaré las escaleras del metro y en la tabaquería elegiré uno yo y el otro lo dejaré al juicio de la vendedora. Y ganaré, porque estoy dispuesto como nunca a dejar de ser un peso, dejar de hacer mal. Voy a comprar un raspe y voy a cambiar mi vida, o mejor aún, venderla. Y me alcanzará con un raspe porque para desaparecer no necesito tanto dinero; no quiero una casa ni un auto. No necesito un perro ni alguien a quien querer. Necesito una excusa, un impulso inicial. Sólo eso. Por eso ganaré con el raspe; porque independiente de la cantidad del premio, será la excusa perfecta para tranquilizar al mundo que me rodea, para no culpar a mis papás o a quienes quiero. No será culpa de nadie; es la posibilidad en potencia y yo. Nada más.

                Hoy ganaré el raspe, y en un rato voy a desaparecer.