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viernes, 23 de julio de 2010

Dejar ir

Generalmente me carga despedirme...

Pero el otro día tenía una rebeldía interior, no sé como describirlo... Pero el punto es que iba a dejarte ir. No me dijiste "Vamos", pensaba. No me dijiste "bájate, déjame y vuelves". Y sonreías. 

Pensé que era un "quédate" disimulado, un tranquilizante, un no-quiero disfrazado de "decide tú". Entonces me despedí. Y fue terrible.

Caminé hacia el otro extremo del andén, primero miré desde lo alto el parque y luego me senté... miré a toda la gente del andén del frente. Una señora me miraba; me pregunté si ella entendía algo de la situación, del dejarte ir, del querer seguir contigo así, sutilmente, mirándonos de reojo o en reflejos, tocándonos los nudillos en roces, encontrarnos en la fugacidad de un va-y-ven del metro. Entonces llegó otro carro; ya no te veía a lo lejos; ya no estabas ahí.

Entonces me paré, como quien se prepara para subir al metro, pero corrí. Corrí hacia la salida; corrí esperando verte cerca, esperando que no hayas tomado un bus, esperando que te detuvieras a comprar, no sé. Que no fuese demasiado tarde. Entonces te vi, pero no dejé de correr, porque eran segundos que perdíamos, minutos de estar que se esparramaban, que se escapaban de mi bolsillo con cada zancada... y que sólo se detuvieron cuando a un metro de distancia giraste, y me detuve. Y algo pasó, algo freno.

Era la rebeldía, supongo, porque ya nada me detenía, simplemente hicimos lo que había que hacer y nos fuimos; juntos y un poco menos sutiles.

lunes, 12 de julio de 2010

Me haces bien, ¿Sabes?

Voy a leer a Cortazar y a dormirme un poco antes. Voy a pensar lo mejor de todo sin dejar de estar a tu lado.

A veces siento tanto que propongo mucho, nunca demasiado ni suficiente. Creo que de verdad necesito que todo salga bien, y darme el espacio para proyectar; la verdad de las cosas en este momento la duda me estanca.
Quiero jugármela con todo. Quiero mirarte sin tener el peso dentro, sabiendo que de ahora en adelante en teoría no te haré daño, y mirarte a los ojos sin nubes de por medio. Que seamos tú, yo y el tiempo lento que me gusta.
Vamos a bailar menos seguido pero querernos igual, y generar dinámicas, y hablar. Yo creo que no me cansaré de eso, mucho menos de ti; a tu lado.
Me gusta que me sorprendas, que de una u otra forma me desafíes con esa cara bajo un paraguas, que me des un beso y sonrías, que me abraces de pronto... Me haces bien, ¿Sabes?

Voy a suponerme en la silla contigua, comiéndome los dulces, cambiando constantemente la música. Iré al escritorio a leer a Cortazar, luego me pararé al lado de la estufa e intentaré no decir nada. Entonces en un rato, tal vez dos, me abrazarás, me dirás si está bien no hacer más, te propondré un nuevo horario (algo así como "y si vas antes y lo haces allá" o "Pero en verdad hacer las cosas así no es sano ni fructífero, duerme"). Y de una u otra forma te haré saber que estoy, más que nunca, contigo.