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domingo, 28 de noviembre de 2010

Armistice

Tengo no sé si las ganas o la necesidad de que me digas, nuevamente, cuanto no me quieres. Soñé puras webás terribles; creo que por ahí va la cosa, porque estuve pensando mucho que el día se partiría en un segundo, y de pronto nada sería igual. Constantemente tengo miedo y no hay escape posible cuando el responsable de todo es uno mismo.
No sé como hacer que las cosas mejoren, esa es la verdad. Y siento que, por errores de cálculo, estoy dejando la cagada en cada aspecto del todo. Yo no quiero fallar, pero lo hago, y lo peor es que suelo fallarle a la gente que más quiero.
La ley de atracción funciona perfecto siempre, pero cuando no sabes que quieres, las consecuencias nunca son buenas. La casualidad, a veces, puede matarte hasta de pena.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Estrujar hasta que no quede nada y encontrar el concepto clave. Luego trabajarlo hasta que el producto nada tenga que ver con el origen


Tengo que dejar de cuesteonarme tanto las cosas y acatar más. #lascosascomoson.
Al final no hay que solucionar NADA.


Es como cuando dicen que mi abuela peleaba con mi abuelo defendiendo a gente que no se daba por enterada; uno cree que hace bien, que soluciona y que proyecta, cuando en verdad es pura mierda que uno se echa sobre la espalda.

Hoy quiero ser un caracol, y por harto rato. El mundo me está matando como se mata a los caracoles que salieron creyendo en el sol.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Hay algo en el pecho que se me apreta mucho hoy. Es un todo que se cae, siempre, constante.

Es que hoy me apesté, grité, exploté y, para variar, arranqué. Tiré la bomba y corrí como siempre.
En el metro, por alguna razón que no recuerdo, la sensación de que suene el teléfono contándote que alguien ya no está me invadió. Esa sensación de que hace un rato alguien caminó, sonrió, rabió, y ahora simplemente no es, y que cualquier resto que te intenten traer no es nada; no es cuerpo, no es carne, no es sangre.
Mi abuelo desapareció en alguna parte, y no ha vuelto. Pero no sé, tengo una mala manía de esperar a quienes se van, y por lo mismo miro cada camioneta blanca, casi con esperanza, porque una así se lo llevó, lo sé, y en alguna parte da vueltas.
De todas formas, encuentro mucho más terrible esperar por quienes se fueron. Mi abuelo fue algo así como abducido por las montañas, o por su trabajo, o por la carretera. Pero ¿por qué hay que esperar en casualidades a quien no quiere volver? Porque hay quienes se pierden profundamente queriéndolo así; por qué no respetar su decisión? ¿Cómo le explico yo a la pena, a la esperanza, a las ganas que esta noche no habrán mensajes con sonrisas? 
Uno debe crecer, pero yo no sé por donde crecer, y todo lo estanco. Y todos los intentos los siento vanos, porque siento que cada paso me lleva a donde mismo. Todos saben que los círculos marean, y pienso que no es casualidad que constantemente todo lo que he comido quiera salir y devolverse; tal vez cada vez pese menos, con cada reflejo de lo que debería ser.
Esta noche me apesta arrancar. Pero la verdad es que no hay de otra; sé que los recuerdos no perdonan, pero el presente ayuda a pensarlos menos; aunque me irrite el olor de la cerveza o el tabaco en mis manos.

martes, 9 de noviembre de 2010

)':

- "no me voy a enfermar
y si me enfermo
te hago un gesto y nos reímos xD"
- "yaaa 
Pero si enfermas, dímelo igual
No dejes de contar conmigo"

Soy la mitad que nunca entendió. Y es una pena tremenda.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Espacios

Vibran al ritmo del bajo. Están abrazados.
Él le abraza por la espalda, y durante lo que dura el concierto no le suelta. A ratos le pone la nariz en el cuello y se impregna del olor que tanto parece gustarle. Vibran, y a medida que la intensidad de la música aumenta parecen estar más y más lejos del lugar. 
No lo saben, pero el joven que estuvo al lado de ellos pensó en escribir lo que observó, y tampoco sabrán que esa manera de querer caló hondo en las cosas que nunca hizo el intento de escritor; que no muere de ganas de nada, pero muere por eso que sólo es vacío.

Hace frío esta noche. Hacen espacios que siento terriblemente grandes, espacios que necesito pero que duelen. Me siento lanzado a una piscina de jugo de limón, sumergido; todas las heridas se irritan de tanto espacio. En algún momento se duerme el dolor, en algún momento se acabará. Pero esta noche crecen espacios, ya no dentro sino que alrededor; una burbuja que no debe quebrarse por nada del mundo, una coraza que transgrede lo que siento porque simplemente no corresponde. Cuesta mucho. Y esta noche hace frío; los espacios en sí ya son fríos.  Y yo no sé nada, no sé de caminar. Esta noche, cielo, llueves como nunca. Y el barro, y la calle, y la ciudad. Hace frío. La ciudad está ahí. Debería salir. Muero de ganas de salir y caminar cerca de Holanda con Providencia. No en otra parte, quiero estar ahí. Es que hace frío, y la ciudad, con sus luces, en Holanda con Providencia. Porque el frío ahí no es el mismo, es un frío que podría matar a cualquier personaje de Fuguet que se enfrente a una noche fría en medio de espacios distantes y llovidos. Holanda con Providencia, porque la noche está fría; tengo los pies fríos, no siento los antebrazos ni el corazón; cosas que pasan con el frío. A cierta altura los aviones se congelan; creo que ahí voy yo, sin avión, sólo paracaídas. En cuanto atraviese esa capa de atmósfera fría abriré el paracaídas y todo estará bien, aterrizando sin miedo a volver a hacerlo. Pero esta noche llueve, hace frío, y Providencia con Holanda está lejos en esta puta ciudad inundada de aguas turbias, y con los pies helados en espacios terribles no se llega a ninguna parte, cielo. Es que esta noche, en verdad, hace mucho, mucho frío

jueves, 4 de noviembre de 2010

Momento

Le quedaban dos líneas por acertar y se llevaba una PSP, el premio mayor de la maquinita. Me quedé observando cuando vi que de pronto toda la gente se detenía a mirarla jugar. Entonces acertó una más. Le quedaba una, y cada vez éramos más quienes observábamos.
En el último segundo por cosas de precisión falla, y al darse vuelta descubre que además de sus papás habíamos al menos 15 personas dispersas por el pasillo mirándola. Se pone colorada un poco, y la masa de golpe se dispersa.

Fue un buen día parece, porque después de eso me fui sonriendo, le dí al botón de Play y sonó Caribou.-

sábado, 7 de agosto de 2010

The Breeze

Me cuesta pensar que esta noche me quedaré en casa pensando sin hacer nada por nosotros. Sospecho que tiene que ser así, pero me cuesta.
Sospecho también que en verdad hay cosas que no son casualidad. El encontrarnos (ayer y en la vida) no pudo serlo; la casualidad tiende a ser menos perfecta. Sin embargo es así; y no te crees la cantidad de cosas que mi mente intranquila puede deducir del simplemente habernos encontrado en el metro. Santiago es una ciudad demasiado grande (al menos el nuestro).
Es más. Creo que justo antes de que llamarás diciendo "Javier, ¿por qué me haces esto?" pensaba en que santiago no es una ciudad para olvidar; que de alguna forma consigue apretar como Zapatilla nueva rebelde. Creo que una vez me paso algo así; por más que usé una zapatilla nunca me acomodó y quedó guardada casi como nueva.

Creo que lo mejor que logro sacar de todo lo que nos ha pasado es esto del juego de las verdades; filtrar cada vez menos. Pienso que eso provocará una serie de reacciones, como que al escuchar en una canción un "¿que nos pasó?" reírnos (tal vez porque lo tenemos un tanto claro; no es nuestro tema por ahora).

Esta noche he de hacerme la idea de que es lo mejor no exponerme a la casualidad; dejarte hacer vida. No es nada fácil; nada de nada. Tengo muchos miedos, tal vez lo más es eso de esperar cosas de vuelta, de no saber cuanto tiempo sea el necesario para sentir (de nuevo?). Todo(s) hablan de cambiar el canal; yo creo que estoy esperando que terminen las publicidades para volver al programa y ver como se viene este segundo bloque.

Es raro. En mis palabras (los parrafos anteriores) hay cero seguridades. Al leerme, leo un montón de "Creo que" o "Sospecho qué". Sé que es una muletilla fea; pero es la que queda cuando no hay un suelo firme, cuando el marco es variable, cuando las cosas no andan del todo estables. No me siento un hombre que sabe, nunca lo he sentido y cuando se trata de querer, todo esto se reduce a la mínima expresión.

Ahora, me gustaría mucho que pudiese UD. darse el tiempo de escuchar esto; y si tiene tiempo buscar la letra. Podría yo aplicarme con Links, con la traducción misma (o tal vez con un video más creativo). Creo que el no hacerlo es parte de la prueba.

jueves, 5 de agosto de 2010

El tiempo y la furia.

Al final siempre entendí.
Con eso voy a que también fue mi culpa.





Es una forma sutil de aceptar que al final hay un dejo de esperanza, no sé si más o menos que eso. De todas formas yo una vez me agoté; no es primera vez. Es posible que al final sea el tiempo el que me arrebata lo que quiero; que sea la fugacidad propia de un sueño, no sé.

sábado, 31 de julio de 2010

Nadiedice

Un ser poco convencional no es uno mejor. Es sólo diferente. Y no es original ni especial. Diferente no debería tener ningún carácter específico; después de todo es un término demasiado amplio.
Hoy me siento el ser poco convencional; y no quiero creer que las cosas van a mejorar cambiando. Cuando el viento sopla desde atrás / Cada paso en falso duele más. No debería ser tan débil; ser poco convencional debería hacerme fuerte; la gente convencional sufre seguido.

Déjame ser lo que aborrezco; un puñado de emociones... Desde que el frío llegó aquí / ansias de ver lo que vendrá ...

Lo terrible de cuando no se es uno es que hay una amplia gama de posibilidades de no decidir por uno mismo; de jugarse chueco, desplazar al Myself a una zona que no debería corresponderle (la de un tercero). Yo siento que siempre fui un tercero. Esa es mi triste realidad; un tercero en un espacio para dos. Y no es fácil saber que hacer, no es fácil decidir sabiamente cuando no se siente, cuando se está en shock.

A veces la noche conspira contra uno; en una noche terrible, por ejemplo, puede faltar HotChip, CutCopy, incluso LadyGaga, y bien, es una posibilidad. Pero no es normal que entre tanta PartyPeople suenen melodías aptas para un soundtrack de Matías Bize, porque de pronto Lo bueno de llorar toma un sentido increíble; y el vernos derrotados en la barra se vuelve un espectáculo sutil; un show snob  con toques de postmodernismo, vodka derramado y papel de muro con onda. Es triste que de pronto el mejor diálogo para una película de esta onda sean las palabras que adornan el ambiente; que todos esos "aciertos" de nuestro guión sean la sinceridad de nuestra vida; "las cosas que no te dije nunca antes" o "las cosas que no me dijiste". De hecho es casi caricaturesco caminar a las 3 o más, en silencio, y que la tranquilidad de la calle se vea interrumpida por una pareja que se sube a un auto, que gritan, que no quiero volver a verte, que eres esto y aquello, que no en la puta vida. No es común; es de esas cosas que suceden mucho en el cine.

A veces me siento un personaje poco convencional, de esos que de pronto se deja llevar por los vicios de una ciudad revuelta, y se pierde. Siento que siempre, siempre, me debatiré entre dos dioses creadores; Fuguet y Bize. Y no sé cual es más penoso.


Que lo cierto es un favor, yo lo siento es un favor...

miércoles, 28 de julio de 2010

Las herramientas

No las tengo. No las manejo. No hay nada en mis manos para la ocasión necesaria. Las oportunidades también se fueron. La vida no es linda, es una puta barata. Los caminos marcan. Unen lo que se aleja. No hay vuelta. Hay vacíos. Sí. Muchos vacíos. Un perro corre rápido. Yo debería correr como perro. Debería usar las alas de las que me hablaban. Desaparecer es bueno para su salud. Para la mía también. Las velas se consumen rápido. Los dedos se vuelven torpes en la oscuridad. Los corazones se detienen sin aire. Las palomas se toman la noche en silencio. Y sin luna pierden sentido. Sentir. No sé si sea bueno. Saber es bueno a veces. A veces la ignorancia. Hay que ser feliz. El cómo hacerlo es la tarea. Hay que desaparecer. Partir de cero. Se rompió un audífono. Es una real pena. Todo es así. Odio las fracturas. La vida es una callejuela de tierra cerro abajo. Llueve. La estabilidad se fractura. Se agrieta. Voy a caer en una grieta si bajo corriendo. Debería ser un perro. Voy a vivir en una cueva y no sé si salga. No muy seguido. Tomaré café aunque quiera dormir. Aguante estómago. Aguante pena. No hay mal que por bien no venga. Las cosas de la vida. Me haré aire. Eso. El café no es bueno. Para la salud. Para el alma.

lunes, 26 de julio de 2010

Amor propio

Creo que perdí las vacaciones. Y es triste.

No sé en que estaba, pero la verdad de las cosas hoy siento que he perdido mucho tiempo. Por un segundo sentí que he estado construyendo en el aire, que hay cosas que no se valoran tanto como me gustaría (no por maldad, sino porque tal vez no son logros míos; tal vez es el rumbo natural de las cosas, no sé).

Me siento inconexo, mareado, me duele todo constantemente y me siento un poco ciego. Y tengo miedo. Tengo miedo porque me puse a pensar, me puse a recordar, porque me duele constantemente la cabeza y no he hecho nada al respecto, tal como me han dolido otras cosas dentro mientras hago caso omiso. Me puse a pensar, sí. Me puse a pensar en cómo fue que la última vez dejé de querer por los daños; cómo fue que las cosas se decoloraron y perdieron sentido.

Seré sincero como pocas veces, y diré que hasta hace algunos días sentía que no sólo la responsabilidad de todo mal caía en mis hombros, sino que también la de ser y hacer bien. Y en eso me caigo; no soy ni hago; siendo bien hago mal, siendo mal también. Entonces ] void [.  Siempre así; vacío. Pero la verdad de las cosas no va por ese lado; hoy no soy más culpable que tú de lo que nos pasa, no ahora. Y no quiero que sea un problema ni que duela el hacerte saber que me estoy cansando un poco; que me apena no [tener la capacidad de] llorar frente a las cosas que duelen o pesan porque pasan desapercibidas, porque no las verás tú ni nadie. Quiero un rato de calma. De no pensar las cosas que digo al menos 3 veces ni ordenarlas para que caigan livianas. ¡Me gusta tanto sonreír contigo! Me gusta eso; hagámoslo más. Sonriamos más.

No quiero sonar severo, pero hoy algunas razones se me esfumaron; no te quiero menos por eso, pero creo que mi tolerancia se está viendo afectada. Tal vez soy de nuevo un hombre menstrual. No sé, pero ahora pienso que te quiero y que quiero que me quieras mejor (No sé si sea correcto esto).

Por último, sí, no hay peso como el sentir que eres un peligro en potencia para quien más quieres. No quiero eso de nuevo, y no lo deseo a nadie.

viernes, 23 de julio de 2010

Dejar ir

Generalmente me carga despedirme...

Pero el otro día tenía una rebeldía interior, no sé como describirlo... Pero el punto es que iba a dejarte ir. No me dijiste "Vamos", pensaba. No me dijiste "bájate, déjame y vuelves". Y sonreías. 

Pensé que era un "quédate" disimulado, un tranquilizante, un no-quiero disfrazado de "decide tú". Entonces me despedí. Y fue terrible.

Caminé hacia el otro extremo del andén, primero miré desde lo alto el parque y luego me senté... miré a toda la gente del andén del frente. Una señora me miraba; me pregunté si ella entendía algo de la situación, del dejarte ir, del querer seguir contigo así, sutilmente, mirándonos de reojo o en reflejos, tocándonos los nudillos en roces, encontrarnos en la fugacidad de un va-y-ven del metro. Entonces llegó otro carro; ya no te veía a lo lejos; ya no estabas ahí.

Entonces me paré, como quien se prepara para subir al metro, pero corrí. Corrí hacia la salida; corrí esperando verte cerca, esperando que no hayas tomado un bus, esperando que te detuvieras a comprar, no sé. Que no fuese demasiado tarde. Entonces te vi, pero no dejé de correr, porque eran segundos que perdíamos, minutos de estar que se esparramaban, que se escapaban de mi bolsillo con cada zancada... y que sólo se detuvieron cuando a un metro de distancia giraste, y me detuve. Y algo pasó, algo freno.

Era la rebeldía, supongo, porque ya nada me detenía, simplemente hicimos lo que había que hacer y nos fuimos; juntos y un poco menos sutiles.

domingo, 18 de julio de 2010

Desperté y tenía 2 mensajes. Eran el mismo mensaje duplicado, seguramente para que no hubieran dudas.
Es triste. Anoche pensé bastante en nosotros. Era algo así como "Esto lo bailamos alguna vez", o "Esto podríamos bailarlo porque le gustaría" y cosas así.
Creo que fue eso lo que me impulsó a llamar a las 4, cosa que no debí hacer. No estaba bajo ninguna influencia común, creo que era la más absurda y más fuerte influencia que uno tiene estando con alguien, no sé si se entiende. Pero no quiero justificar el hacer tonteras con el sentir; perdón.

Ahora, admito que después de todo dolió el mensaje de la mañana. Me hace pensar muchas cosas; sé que las cago bien seguido pero no sé si esta bien... no sé.

Como dato freak; anoche pasé media hora mirando tu calle mientras una micro no pasaba, y recordé cosas malas parece. Luego soñé contigo, lejos, distante y ausente. Y era triste.

lunes, 12 de julio de 2010

Me haces bien, ¿Sabes?

Voy a leer a Cortazar y a dormirme un poco antes. Voy a pensar lo mejor de todo sin dejar de estar a tu lado.

A veces siento tanto que propongo mucho, nunca demasiado ni suficiente. Creo que de verdad necesito que todo salga bien, y darme el espacio para proyectar; la verdad de las cosas en este momento la duda me estanca.
Quiero jugármela con todo. Quiero mirarte sin tener el peso dentro, sabiendo que de ahora en adelante en teoría no te haré daño, y mirarte a los ojos sin nubes de por medio. Que seamos tú, yo y el tiempo lento que me gusta.
Vamos a bailar menos seguido pero querernos igual, y generar dinámicas, y hablar. Yo creo que no me cansaré de eso, mucho menos de ti; a tu lado.
Me gusta que me sorprendas, que de una u otra forma me desafíes con esa cara bajo un paraguas, que me des un beso y sonrías, que me abraces de pronto... Me haces bien, ¿Sabes?

Voy a suponerme en la silla contigua, comiéndome los dulces, cambiando constantemente la música. Iré al escritorio a leer a Cortazar, luego me pararé al lado de la estufa e intentaré no decir nada. Entonces en un rato, tal vez dos, me abrazarás, me dirás si está bien no hacer más, te propondré un nuevo horario (algo así como "y si vas antes y lo haces allá" o "Pero en verdad hacer las cosas así no es sano ni fructífero, duerme"). Y de una u otra forma te haré saber que estoy, más que nunca, contigo.