Lo cierto es que esto es un alto, porque aun debo leer. No basta con un día de trasnoche, porque los días se hacen cada vez más cortos y pesados.
Debería leer, pero quiero dormir... En verdad quiero leer, pero debería dormir; ya no sé cual es el mejor orden para los factores, el punto es el resultado, (k) invariable. Y es así con todo.
Esta noche, como algunas otras, me deshago. Pero eso ya no me quita las ganas de correr, arrancar; la gracia de ir colina abajo es que te vas sólo, con el vuelito. Tengo ganas de creer en mi, por una vez. Y si bien no es el mejor momento para intentarlo, nada pierdo; todo lo propenso a perderse quedó en el camino.
Esta noche no hay café; no quiero espantar los sueños. No hay manos ni abrazos, sólo libros y hojas de presentaciones complejas. Pero la vida es así, y uno de estos días no tendré nada que hacer ni nada que olvidar...
martes, 28 de septiembre de 2010
domingo, 26 de septiembre de 2010
Lo bueno de llorar
Cosas de respiración, como eso de desarmarse en otros brazos y dejarse caer... Es como de actitud, porque no se trata de botar gotas por doquier; tiene que ver con como las rodillas comienzan a temblar y perder fuerza, como el pecho comienza a presionar el aire, como parece que cada inspiración se triplica dentro tuyo, y todo sale. Todo sale.
sábado, 25 de septiembre de 2010
miércoles, 22 de septiembre de 2010
Hoy me acordé de mi abuelo
Sí. Hoy me acordé y lloré un poco. Y fue lindo.
Hay espacio no resuelto, pero Dios, cómo vive!
Hay espacio no resuelto, pero Dios, cómo vive!
martes, 21 de septiembre de 2010
A eso de las nueve de la noche las luces titilan y los sueños estallan. Mis ojos se pierden en un santiago finito cargado de bocinas y brisas frías. Se me olvidan los problemas, se vuelan, se pierden, y de pronto respirar es hasta más fácil. Pero ¿Que hay de la ausencia de tus brazos presionando mis costillas? A ratos me carcome el cuerpo; el pecho se vacía y caigo, caigo.
Lo peor es que no se acaba el espiral, no se acaba...
Lo peor es que no se acaba el espiral, no se acaba...
domingo, 19 de septiembre de 2010
Una facilidad para desmembrarme que me asusta; un control que perdí y que lo recuerdo ausente cada vez que cortas como una V desde mi pecho y terminando entre mis hombros y mi cabeza; ese espacio que era tuyo y que por alguna razón que a veces comprendo diseccionas.
Es eso, o asumir que las burbujas, al tocarse, iban a reventar de todas formas. Y yo perdí los brazos en este viaje.
Es eso, o asumir que las burbujas, al tocarse, iban a reventar de todas formas. Y yo perdí los brazos en este viaje.
jueves, 16 de septiembre de 2010
Que ganas de estar mejor... Que ganas de que de pronto las cosas funcionen, que ganas de libertades, que ganas de ser más y mejor.
Que ganas de no sentirme tan sólo! Que ganas de que deje de doler! Que ganas de encontrarle sentido a todo!
El vacío suele ganar, y soy yo quien suele no tener ganas de jugarle en contra...
Que ganas de no sentirme tan sólo! Que ganas de que deje de doler! Que ganas de encontrarle sentido a todo!
El vacío suele ganar, y soy yo quien suele no tener ganas de jugarle en contra...
Me siento bien por asumirme ignorante; me gusta saberme culpable de ser el descuido que suelo ser. También me siento bien con lo material; me gusta, por ejemplo, la sensación que da el papel en una carta (cosas que no pasan, por ejemplo, con el mail); esa textura y olor de la caligrafía misma y la mano que la modela.
No tengo saberes, sólo nociones; cuando caigo, caigo mal y me desarmo. Suelo vendarme los ojos y suponer lo mejor; vivir un escalón más abajo para ver todo entre los cuerpos perdidos de las multitudes, encontrarse con lo que no se ve desde arriba. Y no es una ventaja, no. El mundo, desde abajo, por tentador que parezca, es oscuro.
Las memorias ya no las guardo, las considero cada vez menos. Porque me pesan en el alma tanto así como el hoy y el mañana, como los años que no quiero cumplir y las cosas que me gustaría ser y hacer antes de que sea demasiado tarde.
En estos momentos siento mi cabeza atravesada por un tubo, y es extraña la sensación de vaciamiento central. Siento que en ese lugar se alojan vientos más pesados que los días de tensión (que por lo demás, son cada vez más recurrentes).
No tengo saberes, sólo nociones; cuando caigo, caigo mal y me desarmo. Suelo vendarme los ojos y suponer lo mejor; vivir un escalón más abajo para ver todo entre los cuerpos perdidos de las multitudes, encontrarse con lo que no se ve desde arriba. Y no es una ventaja, no. El mundo, desde abajo, por tentador que parezca, es oscuro.
Las memorias ya no las guardo, las considero cada vez menos. Porque me pesan en el alma tanto así como el hoy y el mañana, como los años que no quiero cumplir y las cosas que me gustaría ser y hacer antes de que sea demasiado tarde.
En estos momentos siento mi cabeza atravesada por un tubo, y es extraña la sensación de vaciamiento central. Siento que en ese lugar se alojan vientos más pesados que los días de tensión (que por lo demás, son cada vez más recurrentes).
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