martes, 9 de noviembre de 2010

)':

- "no me voy a enfermar
y si me enfermo
te hago un gesto y nos reímos xD"
- "yaaa 
Pero si enfermas, dímelo igual
No dejes de contar conmigo"

Soy la mitad que nunca entendió. Y es una pena tremenda.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Espacios

Vibran al ritmo del bajo. Están abrazados.
Él le abraza por la espalda, y durante lo que dura el concierto no le suelta. A ratos le pone la nariz en el cuello y se impregna del olor que tanto parece gustarle. Vibran, y a medida que la intensidad de la música aumenta parecen estar más y más lejos del lugar. 
No lo saben, pero el joven que estuvo al lado de ellos pensó en escribir lo que observó, y tampoco sabrán que esa manera de querer caló hondo en las cosas que nunca hizo el intento de escritor; que no muere de ganas de nada, pero muere por eso que sólo es vacío.

Hace frío esta noche. Hacen espacios que siento terriblemente grandes, espacios que necesito pero que duelen. Me siento lanzado a una piscina de jugo de limón, sumergido; todas las heridas se irritan de tanto espacio. En algún momento se duerme el dolor, en algún momento se acabará. Pero esta noche crecen espacios, ya no dentro sino que alrededor; una burbuja que no debe quebrarse por nada del mundo, una coraza que transgrede lo que siento porque simplemente no corresponde. Cuesta mucho. Y esta noche hace frío; los espacios en sí ya son fríos.  Y yo no sé nada, no sé de caminar. Esta noche, cielo, llueves como nunca. Y el barro, y la calle, y la ciudad. Hace frío. La ciudad está ahí. Debería salir. Muero de ganas de salir y caminar cerca de Holanda con Providencia. No en otra parte, quiero estar ahí. Es que hace frío, y la ciudad, con sus luces, en Holanda con Providencia. Porque el frío ahí no es el mismo, es un frío que podría matar a cualquier personaje de Fuguet que se enfrente a una noche fría en medio de espacios distantes y llovidos. Holanda con Providencia, porque la noche está fría; tengo los pies fríos, no siento los antebrazos ni el corazón; cosas que pasan con el frío. A cierta altura los aviones se congelan; creo que ahí voy yo, sin avión, sólo paracaídas. En cuanto atraviese esa capa de atmósfera fría abriré el paracaídas y todo estará bien, aterrizando sin miedo a volver a hacerlo. Pero esta noche llueve, hace frío, y Providencia con Holanda está lejos en esta puta ciudad inundada de aguas turbias, y con los pies helados en espacios terribles no se llega a ninguna parte, cielo. Es que esta noche, en verdad, hace mucho, mucho frío

sábado, 6 de noviembre de 2010

Estar atravesado de espacios no es estar solo, es que te llenen de vacíos hasta que ya no quede nada.
Eso es, no otra cosa.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Tormenta

calma.
Necesito un buen día.

Configuraciones

El temor a hacerse viejo y la soledad me empujan a querer que la fugacidad sea la vida; que cada recuerdo quede impreso, anudándome en las memorias que quise almacenar y los puntos que quise subrayar. No sé de tiempo ni espacio cuando recuerdo; siento.
Duele el pecho por estos días, y quiero pensar que no es extrañar sino falta costumbre. Querer duele, y ese dolor se ubica en el centro de mis mandos; afecta todo en cuanto soy, dibuja formas que desconozco en mi hacer diario, erradica las ganas de dar pasos firmes.
Querer me cortó las alas, y el no ser querido me cortó las manos.
Proceso las cosas a medias; veo la mitad del mundo. Cruzo la vereda constantemente, no miro a los lados a veces. Soy la irresponsabilidad hecha carne, el lado terrible de tus ganas.
Tengo quebrado algo, vomito de pena. Estoy enfermo de dentro, pero tengo que sonreir; seguramente mañana estaré bien, seguramente todo va a pasar. Odio el tiempo, odio que no pare, odio que arrase. Odio a quien sea que me arrebató la vida con su sonrisa, a quien deboró mis ganas y a quien roba tus ojos. Odio los lazos que hice y que no manejo, odio mi enfermedad y sus putas ganas de perderme. Odio constantemente el saberme no querido; casi tanto como haber creido ciegamente. Odio pensar en el futuro, odio vivir de los recuerdos.
Odio los espacios que ya me atravesaron en ti, que me hicieron explotar, que me confinaron en la zona oscura de tus recuerdos malditos.

Me enfermo, porque sé perfectamente lo que no quiero, pero lo que quiero se complica, se extiende, se pierde, se muere o se va. Las ganas se deshacen, los motores se desarticulan, mis capacidades se llenan de incapacidades, me contamino en definitiva. Y no lo grito constantemente, pero salvarme... no sé que necesito para salvarme, porque descarto como imbécil cada paso, cada posible avance, cada evolución. Yo me estanco a porfía, porque en el fondo sé que nunca será igual que el ayer, que nunca será nada igual. Todo se fue a la mierda y hay que aprender a vivir con eso hasta que parezca felicidad, normalidad o lo más cercano a eso.

Por último, odio tu silencio ignorante. Odio tus ganas de matarme pero guardar mi cuerpo en algún lado, odio lo funcional, lo puto y lo enfermante que me hicieron sentir. Odio que te sientas tan especial como para excluirme de tu mundo métrico. Odio la idea de que cambiarme nunca sea algo malo y terrible, por el contrario, sea todo un avance.
No sé que quiero, ese es el problema.
Tengo que evitar estas cosas. Iba bien, porlaputa
si no duermo, la mala sensación no se acabará nunca.

Momento

Le quedaban dos líneas por acertar y se llevaba una PSP, el premio mayor de la maquinita. Me quedé observando cuando vi que de pronto toda la gente se detenía a mirarla jugar. Entonces acertó una más. Le quedaba una, y cada vez éramos más quienes observábamos.
En el último segundo por cosas de precisión falla, y al darse vuelta descubre que además de sus papás habíamos al menos 15 personas dispersas por el pasillo mirándola. Se pone colorada un poco, y la masa de golpe se dispersa.

Fue un buen día parece, porque después de eso me fui sonriendo, le dí al botón de Play y sonó Caribou.-

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Cosas de otra vida

Podríamos habernos levantado, duchado y tomar desayuno. Mi café, tu té, el pan con queso o palta. Podríamos haber tomado la micro, haber hablado alguna tontera o intentado cambiar el mundo. Tal vez, con un poco de suerte, habríamos sonreído, y alguna de nuestras sonrisas se habría iluminado con los rayos de sol de la mañana. Me habría bajado en el metro, habría dado un abrazo antes de hacerlo y habría mirado la micro partir buscando una sonrisa; la tuya.
Podrías, siempre podrías, haber llegado a casa, encontrar la luz prendida, la mesa puesta y panqueques con manjar sobre el mantel, al lado de la panera.

Pero estas, todas estas cosas, no son cosas de nuestras vidas. Porque al final somos coincidencia, somos casi un intento por nadar que se pierde en las corrientes. No fuimos (yo fui, tu fuiste).

Podríamos apagar el mundo ahora, y perdernos por un buen rato que, a conciencia, podría ser eterno. Podríamos mutilar en un segundo la de intentos (míos) y las ganas de no hacer cosas al respecto. Podríamos no llamar más, no bailar de nuevo, dejar el telepizza a las 4 a.m.
Podríamos dejar(nos) en este momento.


¿qué serán, entonces, nuestros mundos?
Estaremos a millones de años luz, muy posiblemente, con un montón de ganas de estarlo...

lunes, 1 de noviembre de 2010

Al final, un corazón así pesa.
No hay que culpar a corazones a media máquina;
al final son ellos quienes no saben lo que un corazón de verdad puede lograr.
Lo siento mucho, de verdad.
Y juro, por tu dios lo juro,
que intenté todo lo que en mis posibilidades estaba.
Ya no me queda nada, y lo que queda tampoco te satisface.
Yo así no puedo; tal vez por lo mismo te entiendo.
Quiero que seas feliz, pero por favor, no me digas nada acerca de ello.
Yo evolucionaré.

No sé que más decir al respecto.