martes, 15 de noviembre de 2011


"Entre la Maga y yo crece un cañaveral de
palabras, apenas nos separan unas horas y unas cuadras y ya mi pena se llama
pena, mi amor se llama mi amor... Cada vez iré sintiendo menos y recordando
más, pero qué es el recuerdo sino el idioma de los sentimientos, un diccionario
de caras y días y perfumes que vuelven como los verbos y los adjetivos en el
discurso, adelantándose solapados a la cosa en sí, al presente puro,
entristeciéndonos o aleccionándonos vicariamente hasta que el propio ser se
vuelve vicario, la cara que mira hacia atrás abre grandes los ojos, la verdadera
cara se borra poco a poco como en las viejas fotos y Jano es de golpe cualquiera
de nosotros. (...)  Hay ríos metafísicos, ella los nada como esa golondrina está nadando en el aire,
girando alucinada en torno al campanario, dejándose caer para levantarse mejor
con el impulso. Yo describo y defino y deseo esos ríos, ella los nada. Yo los
busco, los encuentro, los miro desde el puente, ella los nada. Y no lo sabe,
igualita a la golondrina. No necesita saber como yo, puede vivir en el desorden
sin que ninguna conciencia de orden la retenga. Ese desorden que es su orden
misterioso, esa bohemia del cuerpo y el alma que le abre de par en par las

verdaderas puertas. Su vida no es desorden más que para mí, enterrado en
prejuicios que desprecio y respeto al mismo tiempo. Yo, condenado a ser
absuelto irremediablemente por la Maga que me juzga sin saberlo. Ah, dejame
entrar, dejame ver algún día como ven tus ojos."

viernes, 28 de octubre de 2011

De pronto el no poder quedarse dormido lo hunde en recuerdos que lo alejan más y más del sueño. Pone un poco de música. La detiene. Asume que debe dormir y que debe dejar de pensar.
Entonces la noche se hace más larga, como las sombras a eso de las 8 de la tarde, y siente el peso de todo en un minuto. Calcula cuantas horas de sueño le quedan, y es una miseria. Es una pena esto del insomnio, piensa sin dormir ni dejar de escribir. El insomnio se ha hecho más difícil cada día; deja rastros de pena, que como las ojeras, se acomodan donde menos uno las quiere. Las ojeras, eso sí, se presentan a la mañana siguiente. La pena se esconde y se queda.

Es una pena no saber manejar esto de las sensaciones. Los días oscuros ya quedan atrás, pero no sé que quiero conseguir dándole vueltas a asuntos sin nombres ni apellidos; son solo masas de información que se esparraman, crecen, esparcen y ahogan. Y yo ya no floto como antes, esa es la verdad.



qué malos recuerdos, por cristo-jesus...-


martes, 18 de octubre de 2011

Bajo las capas.

Después de un tiempo comienza a dar miedo darse nuevas oportunidades. Lo sé, y casi todos lo saben.
Yo no entiendo bien el ir y venir de las cosas; hay días que se me van de las manos y camino más de la cuenta en tramos inútiles sólo para tener algo más que hacer, pensar un poquito más en la arquitectura y la gente y sentir un poco menos. Otros días, en cambio, sólo tengo ganas de sentir un poco más. Y es una pena en verdad. Una pena, porque no es todos los días, porque a veces preferiría comer papas fritas antes de sonreír, o sonreír por comer papas fritas y nada más.
De un tiempo a esta parte me tengo miedo, porque quedarme duele y arrancar me hace mal. No tengo donde meterme cada vez que siento; todas las capas que protegen se van a la mierda y la exposición me asusta. Necesito sentir bien, sentir seguro. Y no se puede experimentar con uno, no se puede apostar tanto y abandonar la mesa antes de saber los resultados. Hay algo que está fallando, lo sé, y a ratos, en momentos de "iluminación", pienso en batallarlo, en llegar a alguna parte y quedarme ahí. Sé que algo así debe ser la solución; necesito raíces que me unan a algo, así como para de pronto creer en todo eso que perdió su veracidad hace un tiempo.

martes, 11 de octubre de 2011

Si alguien pregunta, yo le digo que bien. Porque se está bien; no es mentir ni inventar, pero tampoco resumir.
La cosa es dejar de desmenuzar; ya no va bien el estructurar piezas o dividir el todo en astillas. Las piezas son unidades de medida casi imaginaria al final; es como tener la concepción de las horas más desarrolladas que la de "día", y hablar de horas malas exige un desgaste que se puede resumir en un mil veces mejor "día malo", "día bueno" o uno más o menos. No digo que las malas horas no existen, pero por algo los calendarios se reparten en días.
Es tiempo de simplificar. Si quiero hacer las cosas bien, partamos por la base. El resto es evitar ciertas conductas; dejar de lado el masoquismo y las conductas pseudo-suicidas que sólo conducen a relatos dramáticos que uno piensa/sueña que tarde o temprano se venderán como novelitas de ficción o cine experimental.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Yo no quería las cosas fueran como fueron, pero las cosas son y punto. Puedo decir, en mi defensa, que yo no entendía las cosas y me dedicaba a vivir sin más, acumulando todo lo residual y guardándolo en una parte donde todo quedaba bellamente acomodado. Pero de pronto todo se fue a la mierda, y no era mi culpa. Si era culpa del resto, del mundo, de quienes complicaban las cosas, de quienes se iban y de quienes llegaban. Porque ya nada calzaba, todo se desteñía, nada coincidía. El desorden no mata ni destruye, pero con el paso del tiempo termina enterrando todo en partes que se pierden y se entierran en otras partes que se pierden e, igualmente, se entierran.
Yo no tengo la culpa. Yo quería creer que podía crecer y ser alguna cosa buena. Yo quería ver el mundo de otra forma, desde arriba pero sin mirar para abajo. Pero la vida es compleja (no dificil: hay quienes son diestros en el arte del vivir sin tener ni conciencia de ello). Yo me reparto ahora entre las opciones que van quedando, y con el paso de los días me ahogo un tanto más. El agua no deja de subir, el aire no deja de correr [lejos]. "Hay que esperar", dice la gente. Hay que esperar porque las cosas mejoran solas, dicen también. Y yo no sé, o puede que me haya aburrido de esperar por nada.-

jueves, 22 de septiembre de 2011

Como ya he dicho, sea en la vida cotidiana, sea en el ámbito laboral, compartir con los demás no es mi ideal de vida. Tal vez sea una perogrullada, pero el mundo es lo que es porque en él hay gente de todo tipo. Los demás tienen sus valores y llevan una vida conforme a esos valores. Yo también tengo los míos y vivo conforme a ellos. Las diferencias generan pequeños roces cotidianos y, a veces, la combinación de varios de esos roces se transforma en un gran malentendido. Como consecuencia de ello, se reciben a veces críticas infundadas. Y es evidente que no es agradable que te malinterpreten o que te critiquen. Te puedes sentir profundamente herido. Es una experiencia muy dura.
Sin embargo, a medida que uno acumula años, poco a poco va adquiriendo conciencia de que esas heridas y esa dureza son, en cierta medida, necesarias para la vida. Si se piensa con detenimiento, es precisamente porque somos muy distintos unos de otros por lo que conseguimos ponernos en marcha y perdurar como seres independientes. En mi caso gracias a que todos somos muy distintos, puedo seguir escribiendo novelas. Puedo seguir escribiendo mis particulares historias porque, ante un mismo paisaje, capto aspectos distintos de los que captaría otra persona, y porque siento las cosas distintas o elijo palabras diferentes a las que otro sentiría o elegiría. Con eso se produce también una situación inusual, y es que un número nada despreciable de personas toma en sus manos esas historias y las lee. Que yo sea yo y no otra persona, es para mi uno de mis más preciados bienes. Las heridas incurables que reciba el corazón son las contraprestación natural que las personas tienen que pagar al mundo por su independencia.


De que hablo cuando hablo de Correr, Haruki Murakami.

domingo, 11 de septiembre de 2011

It's too dull to pause
And to remember the cause
It's just too dull to care
So we cue from another mirror

miércoles, 31 de agosto de 2011

No sé por qué el afán de indagar y sumergirse buscando sentir una realidad que se esconde en el subsuelo de la realidad. No sé si se entiende la idea; tomar objetos de la realidad, situaciones o canciones y concentrarse en proyectarse en estos objetos hasta que de pronto estallan. Ahora ries, lloras, qué se yo. Ya no son iguales, ya no son los mismos. 
No sé, a veces vivir así nomas, y no tomar nada de la realidad, caminarla y dejarla intacta. Mirar y jamás nunca enamorarse de nada; conocer sin involucrarse, consumir sin nutrirse. Ser como el lente de una cámara; un prisma, un foco, nada más; el registro no es lo mio, que se yo. Alejar todo de la memoria.
Tal vez hay cosas que nunca deberían tocar las fibras nuestras; cosas que nunca debieron dejarse entrar. Ahora son virus, letales, y se multiplican e infectan. Eliminan. 
La realidad superficial puede ser bella sin complejizarla; tal vez proyectar menos sea la solución. Limitarse al encuadre y dejar el registro de lado; la escencia de las cosas en lo instantaneo, no sé. Tengo la cabeza en muchas partes, y el corazón en ninguna. Es una pena todo, pero seguramente hay alguna razón. Y no voy a proyectar nada en nada ni nadie, tal vez, porque puede ser mejor, porque las cosas se desgastan naturalmente y tal vez es siempre mejor dejar todo en manos del tiempo, y que pase, que fluya, con todo, y luego de pronto tener respuestas, motivos y demases; posiblemente sonreír o llorar, pero reaccionar. Recibir los estímulos, avanzar y llegar a alguna parte.



La tristeza no tiene fin, la felicidad sí.
Quiero leer algo así como a Loriga o Cortazar.

lunes, 29 de agosto de 2011

El sentido de las cosas.

La verdad es que al final la vida me parece un rompecabezas terrible, porque después de todo las piezas se entregan con desface. Da lo mismo la cantidad y porte de las partes si al final sólo hay comprensión cuando existe un todo.
Tal vez podría, como mucha gente, descansar en el invertir a futuro, sembrando lo que se espera cosechar y todas esas cosas que dicen que se hacen para progresar y crecer. Pero ¿hasta cuando dura eso? ¿dónde está el punto en que todo se detiene? No sé cuanto quiera crecer, no sé tampoco cuanto espere aprender de las cosas; no estoy entendiendo el flujo de las partes y de pronto la totalidad me arrebata cualquier atisbo de comprensión. En volá me falta el peso de la edad para comprender; en volá es eso y que en verdad esperé tanto de las cosas que ya no me quedan ganas de esperar.
No quiero invertir mal mi tiempo en pensar más de la cuenta, pero mucho menos sé en qué invertirlo. Y es terrible enfrentarse a decisiones sin saber a qué se espera llegar, y vagar constantemente, y no saber, e intentar hasta descubrir que no, que no es el norte, que no es el foco, que te perdiste y que hay que volver a quien sabe que punto para empezar de nuevo, aterrado y errando porque es humano e inevitable.
Yo creo que tal vez tiene que ver con la fé, porque la gente que cree en algo sólo espera. Yo no puedo esperar; no puedo seguir dando pasos porque sí, porque al final qué sentido tiene buscar si mientras más indago más me pierdo.

viernes, 12 de agosto de 2011

No recordar.

Hace unos días, haciendo una gestión de lo más mundana, pasé por una calle que siempre transito en actividades mundanas y con música indefinida (puede ser el Guincho, puede ser Soulwax, no importa). Había sol, harto. Y no sé si les pasa... a mi al menos me pasa... que cada clima tiene un olor diferente... O tal vez no es el clima en sí, pero como que sólo en ciertos climas aparecen ciertos aromas. Bueno, el punto es que determinado clima me trajo un aroma, y ese aroma un recuerdo.  Y fue terrible.

Fue terrible, porque de pronto todo lo que se intentó fue un aderezo absurdo para complementar un terrible paso del tiempo que se cargaba con las esperanzas de olvidar. Fue terrible, porque no quería recordar que, alguna vez, sintiendo ese olor, bajé del metro corriendo, y busqué a alguien que me esperaba con un beso.
Son cosas que pasan, es cierto, pero no quería recordarlas. Prefiero recordar lo malo, no por masoquismo, sino por obtener distancias adecuadas. Ya no estoy para juegos simplemente porque no estoy para nada. Quiero tiempo y disfruto de él. A veces quiero sol, pero sin recuerdos, y a veces me pongo chaqueta y salgo a caminar en la lluvia porque quiero y disfruto de ella, y está limpia de recuerdos, y es lo mejor.
Pero el sol, ese sol y ese aroma se traen consigo todo aquello que se intentó esconder bajo tanta cicatriz. Yo no estoy para eso, no estoy para recordar ni para sentir de esa forma; más que mal los sentimientos en ecuaciones como esta tienden a sobrar.